El mariposario

Solo en Granada he estado en el mariposario.

El tiempo no se veía. La temperatura era estable. La humedad se metía en ti.

Cientos, tal vez miles, de seres alados se multiplicaban en caótica coreografía, pintaban un espacio salpicado de plantas tropicales, arroyos de mentira y terrarios escondidos. Las mariposas revoloteaban felices entre turistas (siempre turistas) que alucinados miraban cómo sus vuelos se cruzaban sin violencia, cómo se posaban sobre los más inverosímiles ángulos, cómo brillaban, cómo se mezclaban en coreográfico caos.

Fui un niño en el mariposario, ahora lo recuerdo.

Estoy deseando volver.

Anagnórisis

Pocas obras literarias que se precien prescinden de un momento de iluminación en el que el héroe, de súbito, se da cuenta. Experimentar con las dimensiones de la fatalidad, de un tropiezo, de la culpa; experimentar con las consecuencias de unos actos que creíamos inocuos, con la relevancia de aquello que pasamos por alto (y la relevancia en sí de la vida); experimentar, en fin, con todo eso de manera primera, de manera profunda, es sin lugar a dudas algo que se queda en el corazón tanto del que escribe como del que lee.

Yo también quería partir de la magdalena de Proust. Al hacerlo, me di cuenta de que también en este lado de la vida hay profusión de errores significativos: aquella decisión errónea, la palabra no pronunciada, el viaje letal, el hijo que nunca tuvo que nacer.

Me llevé la historia a la ciencia ficción porque quería que mi personaje se diera cuenta de algo que, en principio, tenemos vedado los seres humanos de carne hueso. Me llevé al personaje a un territorio difuso, confuso, azul, en el que el momento de aprehensión tuviera una dimensión sideral. Puse tierra de por medio (en la distancia y en el tiempo es más fácil darse cuenta), activé la máquina de soñar y la mente alumbró guerras, gimnasias, eternidades y un cancerbero.

'life can be delish with a sunny disposish', de fusion-of-horizons

He incluido una historia inspirada en la anagnórisis en mi nuevo libro de cuentos, para el que —al parecer— ya tengo editorial.

Invisible

Ahora soy invisible. A sus ojos, lo soy, porque no me miran. Y eso tiene su ventaja: me ha sido concedido el don de observarles, de apreciar sin ningún tipo de interrupción cómo actúan, cómo evolucionan, cómo son. La chica que en primero estaba gordita y miraba siempre con timidez iba esta mañana por estos pasillos cuasivacíos, de fin de curso; sigue gordita pero, a diferencia de entonces, hay en sus ojos un algo seguro, unas chispas como de enamorada. Y yo creo que ama a otra chica. Ella pasa sin darse cuenta (porque soy invisible) de que yo puedo apreciar su madurez sobrevenida.

Fin de curso en la Facultad

Mi alumno de este año también ha cambiado. La primera vez que lo tuve delante era un niño, casi, todavía, con el cuerpecito delgado y los ojos abiertos sobre cada cosa que se cruzaba por su camino, con los ojos abiertos también sobre mí, porque entonces creo que sí me miraba, y hasta me admiraba, qué sé yo por qué razón. Ha pasado el tiempo y descubro cómo ha cogido algo de peso y, sobre todo, cómo ha adquirido una seguridad exultante, aplastante, sin paliativos. Ya no me mira, seguramente ya no me admira, pero yo disfruto de ver cómo él se come el mundo, ahora, ya, con los ojos ávidos.

Soy invisible ahora. Atravieso los pasillos de la facultad como alma en pena, sin que nadie repare en mí, en mis grietas, en mis heridas, mi sonrisa de ayer, mi pantalón nuevo, mi orgullo. Y me viene a la cabeza cuando era yo el estudiante, años ha, en la distancia y en el tiempo, cuando pisaba con fuerza los suelos marmóreos de la facultad de Granada, y todo era primavera para mí y todo era novedoso y frágil y atractivo para mí, y también yo descubría y amaba el mundo recién nacido con los ojos de par en par, con el alma de par en par y de vez en cuando —solo de vez en cuando— sentía pasar a mi lado, en los pasillos, una sombra esquiva, un fantasma o espectro o mentira que quizás me observaba, que asentía y aplaudía la transformación, la deriva inevitable.

Seres invisibles, oh profesores míos, a quienes nunca presté la más mínima atención.

Terminator Hornby

slam

It’s just that there comes a point where the facts don’t matter any more, and even though you know everything, you know nothing, because you don’t know what anything felt like. That’s the thing about stories, isn’t it? You can tell someone the facts in about ten seconds, if you want to, but the facts are nothing. Here are the facts you need for The Terminator: in the future, supercomputer robots want to control the earth and distroy the human race. The only hope we have in the year 2029 is the leader of the resistance. So the robots send Arnold Schwarzenegger, who is the Terminator, back in time to kill the leader of the resistance before he has ever been born. That’s pretty much it. Also, a member of the resistance travels back in time to protect the mother of the future leader. That’s why there’s so much fighting. So you’ve got defenceless mother of future leader plus resistance fighter against Arnold the Terminator. Did you enjoy these facts? No, of course you didn’t, because you felt nothing, so you didn’t care. I’m not saying that the story of Alicia and Roof and me is as good as the Terminator. I’m just saying that if you stick to the facts, then the whole point of a story has disappeared.

(De N. Hornby)

Fuera del Mundial

La Selección Española de Fútbol perdió anoche 2-0 contra Chile, lo que significa que no pasará de la fase de grupos de este Mundial de Brasil. Vamos, que está eliminada. Aunque hoy pensaba escribir de otro tema, no he podido evitar el recuerdo de un poemita que escribí hace unos años y que viene que ni pintado para este momento. Se trata de una composición inédita que trata de la decepción que supuso para ese poeta en ciernes de solo 17-18 años la eliminación en el Mundial de Francia de 1998.

Es obvio que se trata de un poema menor pero, en mi opinión, los blogs no están solo para mostrar al mundo lo bueno que eres, sino también para presentar lo malo que fuiste, esto es, para ilustrar tu evolución. Aun siendo así, (admitiendo que el desenlace del poema es al menos tan patético como lo ha sido el desenlace de la Selección Española en este Mundial 2014) creo que podría salvar de la quema, sin arrepentirme de ello, los primeros versos.

mundial

Por lo que leo en el poema, en aquella época aún perdíamos los partidos por cuestiones de suerte. Y, aunque la realidad de ahora es más dura (me temo), ¿quién se iba a imaginar por aquel entonces que la Selección Española dominaría el fútbol mundial durante seis años nada menos?

Los principios son siempre duros. La gloria es para los que perseveran.