Terminator Hornby

slam

It’s just that there comes a point where the facts don’t matter any more, and even though you know everything, you know nothing, because you don’t know what anything felt like. That’s the thing about stories, isn’t it? You can tell someone the facts in about ten seconds, if you want to, but the facts are nothing. Here are the facts you need for The Terminator: in the future, supercomputer robots want to control the earth and distroy the human race. The only hope we have in the year 2029 is the leader of the resistance. So the robots send Arnold Schwarzenegger, who is the Terminator, back in time to kill the leader of the resistance before he has ever been born. That’s pretty much it. Also, a member of the resistance travels back in time to protect the mother of the future leader. That’s why there’s so much fighting. So you’ve got defenceless mother of future leader plus resistance fighter against Arnold the Terminator. Did you enjoy these facts? No, of course you didn’t, because you felt nothing, so you didn’t care. I’m not saying that the story of Alicia and Roof and me is as good as the Terminator. I’m just saying that if you stick to the facts, then the whole point of a story has disappeared.

(De N. Hornby)

Poesía y verdad

Nos conmueve la poesía porque es verdad, es decir, porque es sincera, porque parece que podemos tocar al poeta a través de los versos, porque creemos que tras la rima sinuosa y las metáforas lisérgicas se puede llegar al poeta, porque está el poeta, ahí, tangible, al otro lado de las palabras. Si en la novela lo importante es una buena historia, compuesta de personajes atractivos y un ritmo que enganche; si del cuento nos deslumbra su técnica, precisa pero estrambótica; si una obra de teatro nos engatusa por la empatía para con lo que sucede sobre el escenario, y por el encanto sofisticado de la palabra dicha; la poesía nos emociona porque sabemos que no miente o, al menos, porque alberga un porcentaje mucho menor de ficción.

Lloramos con la cebolla de Hernández porque somos conscientes de que su hijo se va a quedar huérfano; valoramos la poesía social de Benedetti porque conocemos su condición de exiliado perenne y entendemos a Lorca cuando se identifica con los negros de Nueva York: no nos cabe duda de que puede ponerse en su piel, porque él también se ha sentido parte de una minoría.

Porque la poesía es verdad, si tuviera que salvar a uno de los géneros del Apocalipsis, creo que me decantaría por ella. La poesía no miente, y es la única que llena el silencio, que se queda en la memoria, que traspasa con su infinito y genuino encanto, que late, que suspende el tiempo, que retumba.