Los siete únicos argumentos posibles en literatura

Cita Elvira Lindo en El País del 2010/03/14 a Denis Dutton, quien en su libro «The art instinct» afirma que solo hay siete argumentos posibles en la literatura:

  1. la lucha contra el monstruo
  2. de los harapos a la riqueza
  3. el héroe que viaja para salvar a su patria y conseguir el amor de la princesa
  4. el viaje a un lugar extraño y el regreso a casa
  5. la comedia, donde reina la confusión hasta que todo encuentra su orden
  6. la tragedia, donde el ser humano se extralimita y ha de enfrentarse a terribles consecuencias
  7. el renacimiento que tiene lugar tras un traumático aprendizaje

¿Existirá algún otro argumento que no esté en esta lista de Denis Dutton? ¿O todas las ficciones del mundo caben en estos siete? Desde luego, y aunque no sé si están todos los que son (o si son todos los que están) la relación me parece interesante como punto de partida tanto para el análisis de obras que me gustan, como para el diseño de nuevos proyectos. Particularmente, temo sufrir, a partir de ahora, el efecto zodiaco: igual que cuando nos sentimos identificados con los que nos dice el horóscopo, al escribir una obra no sabré si el argumento que me surja estará condicionado por mi propio conocimiento de esta lista, o por la total imposibilidad de inventar otra cosa.

Y es que, como en todo, lo realmente artístico y rompedor y excitante sería salirse de la norma.

No nos informan de nada

Estos días ha sido un poco como el fin del mundo. Como sabéis, la erupción del volcán Eyjafjalla, en Islandia, ha provocado un caos aéreo todavía más importante que el que produjo el fatídico 11-de-septiembre. En la prensa, en todas las televisiones, en la radio, se han sucedido noticias sobre el asunto, pero ahora me gustaría comentar una que se ha convertido en un clásico cada vez que hay algún contratiempo de este tipo.

¿Por qué siempre se entrevista/enfoca/retransmite a alguien quejándose de que «lo peor es que no nos informan de nada»? Parece que lo único importante para esos pobres viajeros es que nadie ha salido a explicarles, con pelos y señales, lo que pasa. Qué queréis que os diga, si yo me viera en esa situación, creo que no me importaría un bledo la razón de los retrasos y cancelaciones de los vuelos, sino los retrasos y cancelaciones mismos. No obstante, y aquí el cliché, nadie dice «no puedo soportar la ansiedad de no poder coger el avión», «me fastidia no llegar a tiempo a la comunión de mi sobrino» o » mi jefe no me perdonará el retraso» sino, simple y repetidamente: «no nos informan de nada». Pues eso, que me parece curiosa, si no ridícula, esta queja tan extendida. Además, ¿es que no pueden escuchar la radio en el móvil, acercarse a un monitor de televisión, comprarse un periódico? ¡Si cuando pasa algo así no se habla de otra cosa!

En todo caso, y para terminar, ¿no hay algo de romántico en eso de que se pare el mundo por la erupción de un volcán?

Technorateando

4Q2M6CM4T4XZ

El Sombrerero es uno de los nuestros

«Todavía no he tomado nada», contestó Alicia ofendida, «así que no puedo tomar más

«Querrás decir que no puedes tomar menos», dijo el Sombrerero: «es muy fácil tomar un poco más que nada.»

Mi primer grano de acné

Entre las cosas que no he publicado y seguramente no publicaré jamás (en papel), he encontrado esta pequeña (jo)joya de octubre de 1995. Debe figurar, que yo me acuerde, como mi primer poema fechado, lo cual le otorga un aire místico que, como comprenderán al leerlo, se esfuma inmediatamente:

Ahí está

Ahí está,
no me preguntes por él.
Ahí está,
sublime como un corcel.
Ahí está,
de color cambia también.
Ahí está,
duro como una roca.
Ahí está,
impasible ante mi boca:
mi primer grano de acné.

Me niego a verter crítica literaria alguna sobre semejante exabrupto. Eso sí, casi quince años después, debo reconocer que me sorprende gratamente su tono: destila un nosequé irónico que apenas puede hallarse en otros escritos posteriores, de todas todas más concienzudos, pero también menos auténticos. No me dirán que un poema dedicado a ese infatigable compañero de la pubertad no merece un sitio en los infinitos anaqueles de la Red.