La gira del libro (mío)

Me digo que de esta semana no pasa que hable de la gira del libro (mío). Me he tirado algo más de un mes de viajes, preparativos, nervios, idas y venidas, inmerso en la promoción de un libro de poemas que es como un niño pequeño al que hay que bautizar, presentar en sociedad, al menos entre los amigos, los familiares y los más o menos allegados. Soy consciente de que esta gira del libro (mío) tendrá continuidad en los meses que sucedan al breve y familiar paréntesis navideño. Aun así, hago un alto en el camino, pongo la vista en el retrovisor y os cuento, en dos o tres pinceladas, las vueltas que he dado ya con el libro bajo el brazo.

La salida se produjo aquí mismo. Y aquí mismo es Vitoria-Gasteiz. Anuncié el acto en el blog, pero me quedaba pendiente dar cuenta de lo sucedido, contar mis impresiones sobre el resultado. La verdad es que nos reunimos unas cuantas decenas de amigos, alumnos y exalumnos, en el Pabellón Universitario de la UPV/EHU, tantos que el piscolabis que había preparado la empresa encargada del cáterin se acabó en pocos minutos: o se quedó corto, o los asistentes tenían un hambre canina, a esas horas de la tarde de un jueves estudiantil. La presentación de Raul Montero fue improvisada y entrañable; el editor, Roberto Lastre, estuvo sobrio y nos sorprendió con una especie de collage a partir de los primeros versos de varios de los poemas incluidos en el libro; yo intenté la naturalidad y, en algunos momentos, la sonrisa, aunque algunos poemas me acercaron a la lágrima… y el dúo formado por Alejandro Ros y Ainhoa Eguiguren pusieron el colofón a la velada con su estupenda interpretación (en el doble sentido de la palabra) de tres de los poemas: «Sin más», «Mi territorio» y «El yin». Tengo que subir, sí o sí, el vídeo de la actuación porque resultó un momento verdaderamente mágico. Tengo que reconocer que parte de esa magia se consiguió gracias a la luz: varias velas chatas se dispusieron entre el público y David, uno de los técnicos de mi facultad que tuvo a bien acercarse a cuidar de que todo funcionara como debía, manejó los focos y las sombras como un maestro. Aplausos para todos ellos.

Montaje de Atipika Aflamenkada con los compis del Príncipe

La segunda parada de la gira nos llevó, a los libros y a mí, a mi querida Almansa. La presentación tuvo lugar en una sala habilitada para la ocasión en la Casa de la Cultura de mi ciudad. En ella, estuve acompañado por una gran maestra de ceremonias, Llanos Doñate, que no solo accedió a darme la palabra sino que también invitó a sus alumnos de los talleres de lectura a que se acercaran a la presentación. Conté asimismo con la presentadora del libro y del autor, la también poeta Avelina García Colmenero. La sala se quedó pequeña, se me cansó la mano de tanto firmar libros y me sentí en todo momento arropado con la gente que acudió a apoyarme en un día tan señalado. Jamás olvidaré el discurso de Avelina, recordando un cuento que me corrigió cuando me daba clase de literatura en el instituto-que-se-llama-como-mi-padre; como tampoco la asistencia de antiguos compañeros del colegio Príncipe de Asturias, algunos de los cuales hacía siglos que no veía. Aplausos para todos ellos.

Y la última ciudad en la que he presentado el libro hasta la fecha es Valladolid, el 17 de noviembre. La casualidad (bueno, esta y el Festival Intro-Music) hizo que pasara un fin de semana en casa de la familia García Pérez, en la compañía de Paula, María Ángeles y Miguel Ángel. Entre los tres prepararon el acto en el bar Desierto Rojo. ¡Y salió estupendamente! En esta ocasión, a diferencia de las otras dos paradas de la gira del libro (mío), no estaba rodeado de familiares y amigos de una manera tan general, sino que la mayoría de los asistentes, que no fueron pocos, asistieron por recomendación de Paula, esto es, yo no los conocía. Fue una experiencia gratificante, me sentí más profesional que nunca porque allí había una distancia que poco a poco, poema a poema, fue achicándose entre aquellos, mi público (curioso), y yo (perplejo). Además, el taller de teatro al que asiste mi amiga Paula, Labienpaga, preparó una representación del poema «Gracia», que desconcertó al resto de asistentes y llenó la tarde de creatividad y alma. Aplausos para todos ellos.

Haciendo el ganso con los de La bien pagá

Y eso es todo por ahora. El libro tiene que rodar. El libro hay que moverlo. He aprendido con esta minigira que uno va cogiendo tablas cuando se enfrenta al público, conocido o no, y también que si se quiere vender un libro es necesario favorecer la ocasión de que los lectores se acerquen a él. No es suficiente con tenerlo en librerías y decir a los conocidos que pueden comprarlo aquí o allí: hay que crear el momento. Por eso tengo en mente seguir con otros «bolos», torear en otras plazas, aprovechar viajes potenciales para montar el tinglado, presentarme como autor y enseñar estas Mentiras para principiantes que tantas alegrías me están dando. Tengo propuestas para ir a Bilbao; quiero hacer algo en Madrid; puede que lo lleve a Barcelona y en verano, seguro, buscaré un bonito lugar, frente a la playa, para leer mis versos. Huelga decir que tengo besos y palabras para todos.

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