El mariposario

Solo en Granada he estado en el mariposario.

El tiempo no se veía. La temperatura era estable. La humedad se metía en ti.

Cientos, tal vez miles, de seres alados se multiplicaban en caótica coreografía, pintaban un espacio salpicado de plantas tropicales, arroyos de mentira y terrarios escondidos. Las mariposas revoloteaban felices entre turistas (siempre turistas) que alucinados miraban cómo sus vuelos se cruzaban sin violencia, cómo se posaban sobre los más inverosímiles ángulos, cómo brillaban, cómo se mezclaban en coreográfico caos.

Fui un niño en el mariposario, ahora lo recuerdo.

Estoy deseando volver.