Anagnórisis

Pocas obras literarias que se precien prescinden de un momento de iluminación en el que el héroe, de súbito, se da cuenta. Experimentar con las dimensiones de la fatalidad, de un tropiezo, de la culpa; experimentar con las consecuencias de unos actos que creíamos inocuos, con la relevancia de aquello que pasamos por alto (y la relevancia en sí de la vida); experimentar, en fin, con todo eso de manera primera, de manera profunda, es sin lugar a dudas algo que se queda en el corazón tanto del que escribe como del que lee.

Yo también quería partir de la magdalena de Proust. Al hacerlo, me di cuenta de que también en este lado de la vida hay profusión de errores significativos: aquella decisión errónea, la palabra no pronunciada, el viaje letal, el hijo que nunca tuvo que nacer.

Me llevé la historia a la ciencia ficción porque quería que mi personaje se diera cuenta de algo que, en principio, tenemos vedado los seres humanos de carne hueso. Me llevé al personaje a un territorio difuso, confuso, azul, en el que el momento de aprehensión tuviera una dimensión sideral. Puse tierra de por medio (en la distancia y en el tiempo es más fácil darse cuenta), activé la máquina de soñar y la mente alumbró guerras, gimnasias, eternidades y un cancerbero.

'life can be delish with a sunny disposish', de fusion-of-horizons

He incluido una historia inspirada en la anagnórisis en mi nuevo libro de cuentos, para el que —al parecer— ya tengo editorial.